lunes, 17 de mayo de 2010

Refuerzos positivos

Una vez, de pequeño, mi abuelo me llevó a la Plaza Mayor de Madrid. Era navidad, y lucía con sus puestecicos, lucecicas, y demás patochadas que por aquel entonces supongo me resultaban atrayentes y ahora me la traen al fresco.
El caso es que igual que Chencho; me perdí. Ibamos en dirección a los puestos de monedas y sellos y me distraje un momento, solo un momentillo de na y se me escapó el abuelo.
Joder, me puse super nerioso, de esto que te recorre un escalofrio y las
pelotas te hacen tope en la garganta. Busque una solución desesperada.
Me puse de puntillas, y flam! desplegue mi radar-busca-abuelos, bip bip, ¡ahí está! Mi radar detectó a un sospecho con un abrigo verde cacería,
pelo blanco y boina ladeada (super chulapo el tio), con andares de arbitro linier retirado a las doce en punto.
Arranqué a correr entre la multitud y aproveché los andares pachones del susodicho para asirme a su gran mano.

-¡Pero coño niño!

Al tipo casi le dió un sincope, no se que se le pasaría por la cabeza al verme cogerle la mano con esa confianza.
Quizás tuviese algún rollo chungo, pero el susto fue manifiesto, tal que pegué un bote y salí corriendo en dirección opuesta,
manteniendo la mirada mientras el tio seguia gritando: -¡el hijoputa del niño, que me roba el crio!-. Pensaría que era un ratero...
En mi apresurada huida, al no vigilar mi avance; tropecé con algo mullidito. Una barriga. Cuando conseguí alzar la vista, vislumbre una silueta con pinta de arbitro y flasca! Hostia que te crio.

Se ve que como mi abuelo se sentía mal por el susto por partida doble que me llevé, me compró, sin yo pedirselo, un globo.
A mi no me hacían mucha ilusion, porque había tenido experiencias anteriores con ellos y me producía mucha ansiedad ver su inicial esplendor y voluptuosidad y su gradual deterioro. Se amustian como pasas y luego, ya al final, ni vuelan ni na.
Bueno pues me compró un globito. No recuerdo de que coño era. Me parece que era de color rosa pero es amorfo en mi memoria.
Mientras volvíamos a casa jugué a sacar el globo por la ventanilla y volver a menterlo . Siempre me ha gustado el riesgo.
Al llegar a nuestro destino y para poder ayudar a sacar las compras le cedí el control del globo a mi abuelo.
Él, para poder abrir el maletero y recoger la compra se puso, muy habil el tio, el cordel del globo en la boca. A mi me dió mala espina.

-Abuelo ten cuidao.
-MASTIBBABArurubau.
-Abuelo ten cuidao.
-MASuriansdTUTUSAdos.
-Abuelo el globo.
-¡Qué no pasa nada coño!


Bye, bye. Adiós a mi compensación.

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